Un Oráculo es una persona o agencia considerada ser la fuente de sabia consejería u opiniones proféticas; una autoridad infalible, usualmente de naturaleza espiritual. También puede ser una profecía revelada o una premonición del futuro, de deidades que hablan a través de otros objetos o formas de vida. En el mundo antiguo muchos sitios ganaron reputación por ser lugar de dispensación de sabiduría oracular: estos lugares vinieron también a llamarse "Oráculos", y las declaraciones oraculares vinieron a referirse bajo el mismo nombre.
Hoy en día, un Oráculo es un lugar sagrado o santuario consagrado a la adoración y consultación de un dios profético. La persona que trasmite profecías de una deidad en uno de estos santuarios es también llamada Oráculo, a como lo es la profecía o revelación en sí.
Los oráculos son usualmente presentados en la forma de una declaración o alegoría enigmática y ambigua. "Sócrates es el más sabio de todos los hombres". "Un gran rey obtendrá victoria". Tales declaraciones podían tener varios significados, dando así la posibilidad de más oportunidades de ser interpretado de una manera que fueran considerados precisos que si fueran más claros y concisos, tal como declarar: "Sócrates tiene siete dedos", o "Cirus vencerá a los Persas en Salamis este martes".
Los antiguos griegos y romanos tenían muchos oráculos. El más famoso siendo el Oráculo de Apolo en Delfos, donde la médium era una mujer de más de 50 años llamada la Pitonisa. Después de bañarse en el manantial de Castalia, ella aparentemente bajaba a un sótano, instalaba un trípode sagrado, y masticaba las hojas de un laurel, sagrado para Apolo. Sus declaraciones, las cuales eran sumamente ambiguas las más de las veces, eran interpretadas por los sacerdotes. Otros Oráculos, incluyendo aquellos en Claros (Apolo), Amficlecia (Dionisio), Olimpia (Zeus), y Epidauros (Asclepios), fueron consultados a través de otros métodos; por ejemplo, el más anciano de los oráculos, el de Zeus en Dodona, hablaba murmurando a través de las hojas de un roble sagrado. En algunos lugares sagrados, el "indagador" dormía en un precinto sagrado y recibía respuestas en un sueño.